martes, 26 de abril de 2011

¡Mi visita en Semana Santa!

¡Hola de nuevo! Hoy, mi último día de vacaciones antes de volver a retomar las prácticas me ha dado por aprovechar el tiempo libro y plasmar algunos recuerdos.

Hace una semana y media, todavía había una cuenta atrás que comenzó el mismo día en que supe que me venía de erasmus. Ya sabíamos que vendrías pero no cuando. En esos días me tenía que despedir de mis amigas erasmus ya que volvían a España por semana santa, mientras yo me quedaba esperando a mi visita. Las ganas de estar aquí con vosotros y enseñaros lo bonita que es la ciudad en la que vivo eran muchas, pero claro, el destino quiso que la ilusión se mermara un poco al pasar por una bronquitis por primera vez en la vida. Al final, fue posible el iros a buscar a Pisa, eso sí, con todas las pastillas en el bolso. Se podría decir que ahí comenzó nuestra aventura. 

El plan era que yo iría primero al hostal de Pisa a coger las llaves y luego al aeropuerto a buscaros. Así que hice mi maleta y me fui a la estación, cuando llegué, mi tren se fue en mis narices, así que la cosa ya empezó un poco mal. Una vez en Pisa, compré un mapa (no se ni para qué, ya que la zona del hostal ni siquiera salía) y empecé a caminar. Después de dar varias vueltas y llegar a la estación de nuevo, decidí ir por un pasadizo de la misma. Ahí pensaba que ya estaba cerca pero al ver varias "pintas" y asustarme, decidí volver al principio y coger un taxi. (Al día siguiente, me daría cuenta de que estuve a puntito de encontrarlo). Así llegué al hostal. Como ya era tarde, decidí no ir al aeropuerto y aconsejé a mi visita que se cogiera un taxi. Pasaron las horas, sabía que su avión había aterrizado, pero ellos nunca llegaban. Decidí dormirme. Cada dos por tres me despertaba y les llamaba. "Estamos caminando por ahí" o "hemos hecho una pausa para comer" era todo lo que recibía. Les eché la bronca por no coger el taxi ya que yo sabía que se iban a perder. Mientras tanto ellos, casi llegan caminando a Florencia, hasta que por fin me hicieron caso y a las tres y media de la mañana recibí el toque que significaba que estaban en la puerta. La alegría de verlos hizo que el mosqueo por no haberme hecho caso se desvaneciera. ¡Por fin estaba con mi visita! Después de hablar un ratito, como a la mañana siguiente teníamos que madrugar, decidimos acostarnos. 


La patada.

A la mañana siguiente vimos Pisa, bueno más bien, lo que son los cuatro elementos que no puedes dejar de ver si estás en esa ciudad. Nos hicimos las fotos correspondientes, incluso saltamos alguna vaya de las que nos echó con un pito un policía bajito y gordito que no imponía nada. Estuvimos un rato admirando la torre y a la multitud de japoneses haciéndose fotos y al poco tiempo estábamos en un tren con destino Florencia. 




Una vez en Firenze, dejamos las cosas en casa y comimos un bocadillo de tortilla (muy buena por cierto jajaj) y yo me fui a la facultad mientras ellos se quedaban descansando. Cuando volví, dormimos un poco y nos preparamos para darnos una buena caminata. Ese día vimos Florencia casi entera, primero la plaza de San Marco y la de Santa Annunciata, para ver el Duomo desde un lateral e ir caminando hacia él, después de las correspondientes fotos en Santa Maria del Fiore, y la puerta del paraíso, seguimos caminando por la plaza de la República observando su famoso tiovivo. También nos acercamos a la plaza de la Signoria donde nos hicimos varias fotos con la réplica del David. Unos metros más adelante nos pararíamos en el Porccelino dónde la moneda de Iván le dio suerte, y la de Guetón se quedó a medio camino. Finalmente, llegamos a nuestro destino que era la calle de joyerías más famosa del mundo, la del Puente Vecchio. Después de ver el atardecer desde el puente, decidimos acercarnos a mi heladería favorita donde el helado de biscotto triunfó y de paso a Santa Croce ya que quedaba cerca. Y así fue como vimos Florencia en una tarde. Para rematar el día, fuimos caminando hasta el mirador de Michelangelo donde pudimos apreciar Firenze en todo su esplendor. Como yo estaba mala y tenía frío, a pesar de tener un pañuelo por toda la cabeza y cuello, decidimos correr al ver la guagua pasar y así acabamos en la estación de nuevo. Este es el resumen del primer día en Florencia, que la verdad, dio para mucho.

Mirador
Desde el Duomo.
 El segundo día estaba planeado para subir a la cúpula del Duomo y entrar en la galería de la Academia para ver al David de verdad. Después de una cola de una hora, y 463 escalones, subimos el Duomo y disfrutamos de unas vistas impresionantes. Varias fotos, y varios comentarios admirando a una pareja de ancianos que habían subido las mismas escaleras que nosotros que acabamos asfixiados decimos bajar. Mientras tanto yo no podía dejar de pensar en la comida de "Il Pirata" a dónde les llevaría a mangiar. ¡Qué rico!



La digestión la hicimos en la cola de la Academia, donde estuvimos cerca de dos horas. Cuando llegamos a la sala del David hicimos algunas fotos a pesar de que el "No photo, allooooora" fuera el coro de esa habitación. Después de ponernos un poco de mal humor por los gritos insoportables de aquellas dos trabajadoras salimos a la calle. Un paseo por el mercado mirando futuros regalos, y para casa. Y así se terminó el segundo día. 

Al día siguiente, miércoles, yo tenía un examen a las 2 de la tarde, por lo que les dije a los chicos que aprovecharan ese día para viajar a Módena, al museo de Ferrari. Salieron un poco tarde de casa mientras yo repasaba mi verbalización y pensaba que quizás no les daría tiempo de coger el tren. Hice tiempo hasta la hora del apello, donde seguí haciendo tiempo mientras esperaba mi turno. Finalmente, saqué mi primer ottimo en Italia, así que las cosas no podían ir mejor durante esta semana. Volví a casa tranquila y esperé para ir a la estación a recoger a los chicos. Volvimos a casa mientras me contaban su aventura, sobre todo porque al llegar a la estación no encontraban la máquina para ticar los billetes y fueron preguntanto por ahí mientras corrían "la yellow machine?" aunque al final lo consiguieron. Una vez en el piso preparamos la maleta de nuevo, ya que el Jueves y Viernes Santo lo pasaríamos en Roma.

Madrugón. A las 6 de la mañana estábamos en pie. Algo que no impidió que ticaramos el billete a las y cuarenta, mientras el tren salía a y 43. Por los pelos, pero lo conseguimos. Una vez en Roma Termini buscamos el hostal. Soltamos las maletas y nos echamos a andar. Hicimos la ruta que hice yo la primera vez que estuve en Roma ya que me parecía de lo más acertada. Después de ver un órgano gigante en una Iglesia, y los techos de oro de otra, nos dirigimos a la zona del Colosseo. Primero el palacio Venecia, después el gran coliseo, y posteriormente el circo romano. Yo ya llevaba un ratazo con hambre, y como me acordaba de dónde estaba el burguer king, decidimos ir. Fue salir del metro y verlo en frente (pura potra). Así fue como llegamos a la plaza del Popolo y cómo vimos a un Michael Jackson bailando en mitad de la piazza con grandes temas y un gran coro de gente animándole. Seguimos nuestra ruta buscando la competencia del burguer, para que comiera Guetón, y llegamos a la Plaza de España, dónde me pusieron en la mano una flor diciendo que era gratis y después nos persiguieron para que pagaran. Devolví la flor y no hubo más problema. Al fin encontramos el Mc Donals, donde nos pedimos un helado en donde después Iván metió la cara. Seguimos callejeando hasta llegar a la Fontana di Trevi. Encontramos un sitio muy chulo para hacernos fotos sin que saliera mucha gente. Fue allí donde regateamos con uno para que me vendiera una pistola que echaba burbujas. Al final, después de unas risas y que nos diera las pilas de manera clandestina mientras huía, sólo me costó tres euros. Al vernos con eso en la mano, sus compañeros se acercaron ya que pensarian que éramos clientes potenciales. Concretamente se acercó uno con unas bolas chiquititas a las cuales se les da forma. El momento fue muy cómico ya que a nosotros no nos interesaba y ni siquiera intentábamos regatear, por lo que él, lo hacía sólo. Empezó tres por dos euros cada una (por España claro), después bajó a un euro, y finalmente, tres bolas por dos euros, y la última oferta, tres por dos euros, y una gratis. Nosotros sólo nos podíamos reír mientras decíamos que no estábamos interesados. Nosotros seguimos nuestro camino y acabamos en el Panteón, donde estrené mi pistola de burbujas. Después de descansar un ratillo, decimos volver al Colosseo ya que también queríamos verlo de noche. Tanto el palacio Venecia como el Coliseo, me encantan, pero sobre todo de noche. La verdad que son impresionantes. Nos hicimos varias fotos, incluso creamos tendencia, ya que al ponernos en la mediana de la carretera para fotografiarnos, empezaron a venir más y más turistas con las mismas intenciones que nosotros. Después de llevarme dos sustos por el mendigo del Colosseo me volví a subir en la papelera de la otra vez y nos hicimos varias fotos. Algo que hubiera estado mejor si yo no hubiera sido tan lista de dejarme la parte esencial del tripode que llevábamos en la maleta, en Florencia. Pero bueno, no nos podemos quejar. Y así fue como vimos Roma en un día y cómo nos reventamos tanto que a las 11 ya estábamos durmiendo plácidamente en nuestro querido hostal.

Palacio Venecia.

Al día siguiente, Viernes Santo, nos esperaba El Vaticano y la Capilla Sixtina. Tuvimos mucha suerte porque para ninguno de los dos tuvimos que esperar cola, y tanto al salir del Vaticano, como del Museo, había una cola infinita. En el museo los chicos por fin amortizaron su carnet de estudiantes, mientras yo asustada pensaba que tenía que pagar 15 euros. Pero después de darle varios carnets me hizo el precio reducido. Después fuimos a comer, pasta, pizza, papas fritas y ensalada, una mezcla un poco rara, pero buena y económica. Más tarde estaríamos de nuevo en el Coliseo, ya que Guetón quería entrar, aunque se quedó con las ganas porque ya estaba cerrado. Y así fue como yo propuse volver a Florencia esa misma tarde ya que era una tontería pegarse el madrugón a la mañana siguiente si ya no teníamos nada que hacer. Así que eso hicimos. A las seis y media de la tarde ya estábamos subidos en el tren con destino Santa María Novella. Empezamos jugando a los personajes, primero a Guetón le costó un buen rato adivinar el suyo (el indio que nos regateó en la fontana) y después nos pegamos casi una hora para que Iván adivinase el que le puse (Caperucita Roja). Pero lo importante es que nos echamos las risas con el: "Si no es blanco, ni negro, ni amarillo, no se de qué color puede ser", o con la carita de Iván mientras decía "Es que no conozco ninguna historia de una niña, una abuela, y un lobo". A este juego le siguió la baraja. Y de un momento a otro, casi sin darnos cuenta, ya estábamos en Florencia. Yo sólo pensaba en la ducha que me daría ya que en el hostal decidimos no meternos ahí porque creo que era menos higiénico que no ducharse. 

Jardines de Boboli.
A la mañana siguiente, ya era Sábado. Último día. Fuimos al mercado para hacer las compras pertinentes, luego a comer, y al final a los jardines de Boboli, en el Palacio Pitti, dónde me peleé con la del mostrador por no dejarme pasar gratis, cuando yo estaba en mi derecho. Al final, me dejó el pase gratuito como haciéndome un favor, pero más vale eso que nada. Allí dentro, subimos y bajamos muchas cuestas y escaleras, nos hicimos muchas fotos, y al ratito salimos. Cómo estábamos reventados decidimos ir a mi casa y hacer tiempo hasta cenar. Allí aprovechamos para hacer las maletas y dejar todo preparado para el día siguiente. 


Nuestra última cena fue en el buffet del pirata, después otro paseo para la estación para comprar los billetes de Pisa, que por cierto, ¿cuántas veces fuimos a la estación en una semana? Siempre una por la noche para mirar billetes, y otra a la mañana siguiente para irnos. Si es que somos muy listos y nunca lo hacíamos de una vez. Pero bueno, así dábamos paseítos por suelo fiorentino. 

Y así, llegamos al final del viaje. Me ha encantado esta semanita y ahora a coger fuerzas para terminar las prácticas, los exámenes y aprovechar los últimos dos meses en Italia.

martes, 12 de abril de 2011

Viajes...


Hoy, 12 de abril, hace ya más de un mes que no escribo. Sé que toda la culpa es mía, pero también me excuso en el Erasmus. Nunca antes un curso se me había pasado tan rápido, y ahora, aún, con dos meses por delante, siento que ya se va a acabar, por tanto, es muy difícil sacar tiempo y ganas para escribir.

Son muchas las cosas que han pasado desde entonces, pero como son grandes recuerdos, aún no las he olvidado. Empezaré por el principio.. Después de pasar los exámenes (todos aprobados) se sucedieron un par de viajes. El más inolviable, el de Venecia. El más necesitado, la vuelta a Las Palmas y el más improvisado, la visita nocturna a Siena.

Como me gustan las cosas ordenadas, empezaré por el primero, el viaje a los Carnavales de Venecia.

Todo empezó desde que sabíamos que nos veníamos a Florencia de Erasmus. " Ah! Pues en Carnavales podemos ir a Venecia! Qué bien!" exclamábamos sin saber, que al final se haría realidad. Lo cierto es que todo el grupo quería ir pero los días pasaban y pasaban y no se buscaba alojamiento. Sí, como siempre, dejando todo para el último momento. Un día, nos decidimos a buscar, y en ese momento, casi nos damos por vencidas. Todo muy caro o muy lejos. Pero al final, después de una reserva equivocada para otro mes, y de una "cancelación" por parte del hostal a un día de ir, nos vimos con las maletas subidas al tren y nuestro habitáculo para nosotras. El viaje en tren se hizo corto, nos lo pasamos bastante bien contándonos cosas las unas de las otras, ahora ya sé que el color favorito de Stefi es el naranja, o que a Patry le encanta ver el duomo mientras va caminando por Florencia. Y así, sin darnos cuenta, llegamos a Venecia. 

Nada más bajarte del tren y salir de la estación, te topas con Venecia en todo su esplendor. Un día de sol, mucha gente por las calles, y en frente tuya, un canal y varios puentes. Todo lo que habías visto en las películas es verdad. No paras de mirar las góndolas, a lo lejos, tan pequeñitas al lado de los vaporetos, las lanchas y los taxis. Mucho tráfico, como en las grandes ciudades, pero con una diferencia. No hay carreteras, solo agua, mucha agua. 

Después de las primeras fotos y cuando consigues cerrar la boca, te pones manos a la obra. Teníamos que coger el vaporeto para ir a dónde habíamos quedado con el chico del alojamiento. Él acudiría cuando nosotros lo llamásemos desde allí. Hasta ese momento nuestro viaje había trascurrido sin complicaciones, pero no todo podía ser tan bonito. El destino quiso que Estefania, subida ya en el vaporeto y asomada por la barandilla, escuchara un "plof". Se quedó mirando, sintiéndose con algo menos en el cuerpo, hasta que lo relacionó y se dio cuenta de que nada más comenzar la aventura, ya había hecho su pequeña aportación al Gran Canal de Venecia, nada más y nada menos. Bueno sí, algo menos, su móvil. Todos lamentamos su pérdida, y más aún cuando nos dimos cuenta de que el móvil se había llevado al fondo del mar el número del chico del apartamento. Pasamos unos minutos pensando qué hacer, qué solución había, cómo íbamos a contactar con él si no teníamos su número, cómo nos vendría a buscar si no sabría que habíamos llegado. Muchas dudas que alguien te callaba contestando: "naaaada, dormimos debajo de un puente, no pasa nada", (hombre, teniendo en cuenta que debajo de los puentes de Venecia, hay agua, algo si que pasa). Pero al final, nuestra querida Yai, nos sacó de nuestra incertidumbre, y sacamos los papeles de la reserva dónde venía el número de teléfono. Ahora ya podíamos disfrutar de nuestro primer paseo en vaporeto. 

Lo que sucedió a esta experiencia fueron más de treinta minutos esperando al dichoso hombre del apartamento, llamándolo cada dos por tres, y diciendo que no, que no queríamos comprar ningún bolso, cada cuatro por seis. Allí estábamos, rodeados de negros que no se daban cuenta que ya veníamos suficientemente cargados, que no nos hacían falta más maletitas, muertos de hambre, y viendo como se hacía de noche. Finalmente un hombre negro se acercó a nosotros diciendo mi nombre y tan pronto como llegó se fue. Dos palabras fueron suficientes para que todos nosotros saliésemos corriendo tras él. En este punto de la historia, yo, no entendía como había llegado tarde con lo rápido que caminaba. Cada vez lo veía más lejos y se camuflaba más en la oscuridad de la noche, hasta tal punto, que me salió del alma, el preguntarle a otro negro "¡ah! ¿eres tú?", que si era él, ya que no paraba de sonreírme al ver que yo pasaba de largo. Pensé que él se había parado y que al seguir embalada, le había resultado gracioso. Pero no. No era él. Lo único que obtuve por respuesta fue que le comprara un bolso. Menos mal, que ahí apareció Estefanía sacándome de mi ignorancia y diciéndome que el que yo buscaba estaba ya medio kilómetro más adelante, y que caminara rápido que se nos iba. Al final lo pillamos y después de varias horas en Venecia, conocimos nuestro hogar durante dos días. 

El fin de semana fue ajetreado, la primera noche sólo dimos una vuelta tranquilita para conocer un poco la ciudad. Nos dio la impresión de ser tranquila, incluso un poco tenebrosa por la noche. Pero todo estaba por cambiar. Al día siguiente, el sábado, nos levantamos pronto con la intención de conocer la mayor parte de Venecia en un día. Y así lo hicimos. Incluso tuvimos la oportunidad de subirnos en góndola, algo que ninguna de las cuatro nunca olvidará.

Pero a medida que nos íbamos acercando a San Marcos, había más y más gente. Se veían trajes de época y muchos turistas con máscara. Después de las típicas fotos con estos grupos, nos adentramos en el bullicio, y el primer sonido que escuchamos ¿cuál es? Pues unas sevillanas. En pleno carnaval veneciano, ves un coro y dentro un grupo de mujeres bailando con algún que otro olé de fondo. Después de esta agradable imagen inicial del carnaval, caminas hacia otro lado. No paras de ver gente, y colores por todos lados, caballeros de la mesa redonda, o jueces del siglo VXIII, así como un grupo de damiselas de la edad media, te quieres hacer fotos con todos, y practicamente, en eso consiste este carnaval. Es un ambiente diferente, mágico.

Al día le sigue la noche, y al turismo le sigue la fiesta. Y qué decir de esa noche, que nos volvimos a casa antes de la una, pero que cada vez que pienso en ella no puedo parar de reir. Miles de momentos destacables, pero me quedo con "Io ho pagato..." Os pongo en situación. Entramos en un sitio a comprarnos un panino para cenar. Yo pago y me salgo a comerlo con algunas de las chicas. Dentro se quedan otras dos. Al ver que no salen me da por mirar, y veo el panorama. Algo había pasado. Una está muy alterada y la otra me hace gestos de "puff, sácame de aquí." Al poco rato, la alterada se asoma preguntando si tenemos un panino, la respuesta es no. Ella vuelve para dentro, no sin antes tener que decirle a un payaso que tenía ganas de bromear, "aspetta, ora no per favore". Todo muy cómico. El hombre de la tienda, un indio, moreno de piel, estaba cada vez más blanco (frase legendaria de Venecia), y los clientes, hartos de la situación, querían que le diesen a la chica aquello que pedía. El problema era que había pedido varías cosas por las que había pagado y solo tenía una en la mano, que en el trascurso de la discusión se zampó. Al final, todo se arregló, ya que el indio, cansado del panorama optó por darle otro panino. Y así, al día siguiente, cogimos nuestro segundo vaporeto, y nos fuimos a casa, donde a las cinco de la tarde, comimos un buen plato de pasta.


jueves, 17 de febrero de 2011

Sobre los exámenes


A pesar de lo que se diga, el Erasmus no es solo fiesta. Como mínimo algún libro en italiano os tendréis que leer, molestarte por hablar con los profesores, y como último recurso, lloriquear un poco el día del examen. 

¿Cómo es el procedimiento del examen en Florencia?

Lo primero que tienes que hacer es apuntarte en internet al apello que quieras, donde veras la hora y el aula en el que se hará. Lo que sigue a esto, es lo peor. El leerte los libros que te hayan mandando y estudiártelos. Poco a poco pasarán los días y llegará el día E. El primero es el peor de todos porque por muchas historias que te hayan contado, tú no sabes qué suerte vas a correr. 

Llegarás al aula con algo de antelación y verás a todos tus compañeros italianos hablando de sus cosas como si no fueran a tener ningún examen en pocos minutos. Si el examen es a las nueve, el profesor o profesora, se hará de rogar, y aparecerá más tarde. Bastante más. De hecho, a mi me sorprendió que los italianos, al ver que eran y media, y nadie aparecía por allí, no se movían, ni se preocupaban, ni se alteraban, simplemente como si no fuera con ellos la cosa. En España, esa espera se resumiría en el grito a los cuatro vientos de dos palabras “¡¡APROBADO GENERAL!! Aquí no. Cuando por fin se digne a aparecer, tendrás que esperar tu turno para examinarte. Durante esa espera puedes entrar y salir del aula a tu bola, pero al final te llegará la hora. Te levantarás mientras recuerdas por encima todo lo que te sabes,  y te acercaras al docente. Un par de intercambios de palabras, como “oh, España”,  “che bella”, y al lío. La pregunta más recurrente a los Erasmus: “¿Qué recuerdas de este libro?” Aunque he de decir, que  yo tuve bastante mala suerte, ya que me interrogaron bastante en los dos que he hecho. Pero, los dos están aprobados, y mi nivel de italiano, no es gran cosa. Así que, es relativamente fácil aprobar. Por lo tanto, si esto era una de las cosas que te echaba para atrás, vente tranquilo. Al no ser que hagas alguna ingeniería, que por lo que estoy viendo, es un poquillo más complicado. 



En definitiva, todavía no he acabado mis exámenes pero espero tener la misma suerte que con los anteriores.

lunes, 14 de febrero de 2011

Un poco de ocio por Florencia.



Hoy toca hablar un poquito sobre las actividades de ocio en Florencia, la verdad que debe de haber un montón de exposiciones pero todavía no hemos a ninguna.

El año pasado un poco antes de la vuelta por Navidad, descubrimos una pista de patinaje sobre hielo. Es artificial y la ponen más o menos durante un mes desde diciembre a enero. Es picola, y vale unos cinco euros, creo recordar.

Pero la verdad que para pasar el rato con tus amigas está genial. ¡Y sobre todo si vas con alguien que nunca se ha subido en unos patines! Aunque esperábamos muchas más caidas.



 
Y dejando eso en el pasado, que fue hace ya dos meses, recuerdo ahora, un día más cercano. El pasado viernes, fuimos a la feria de chocolate de Santa Croce. Desde lejos ya ves la plaza distinta. No es la misma en la que has pasado tantas noches con la mitad de los erasmus de Florencia, ahora está llena de puestecillos, con vendedores de lo más variopintos. Está desde el que flipa al pagarle con un billete de 50 y las que no paraban de cantar diciéndonos que nos despertásemos. Lo que ellas no sabían, era que la mayoría de nosotras no había dormido prácticamente nada debido a los dichosos exámenes unas, y otras (yo) por algún trastorno del sueño todavía por descubrir. En la feria había todo tipo de chocolate, blanco, negro, de leche de toda la vida, de muchos tamaños y con diferentes formas, bolitas, bolones, cuadraditos, supercuadrados, con forma de plátano, de violín, de corazón, o de vaca lechera. Chocolate con forma de tuercas y fruta en palitos bañada en el chocolate que más te gustase. Todo muy dulce, y porque no decirlo, bastante caro. Pero mereció mucho la pena salir a despejarse, hacer algo todas juntas después de mucho tiempo, y no pensar sólo en los próximos apellos. Esta feria solo dura unos días y la verdad que no se si se repite todos los años, pero como ya lo sabéis, solo tendréis que daros un paseíto hasta Santa Croce antes de San Valentín.


viernes, 4 de febrero de 2011

Algunos datos italianos con o sin interés.


Cuando creé este blog, pensaba en toda la gente que está pensando en irse de Erasmus. Es cierto que yo siempre me había planteado esto porque me llamaba la atención. Es una oportunidad de vivir en un país extranjero, que seguramente, de otra manera, no tendría. Cuando empieza el curso universitario, comienzan las primeras jornadas sobre el Erasmus, donde se hablan de los destinos que hay para cada carrera, así como de las plazas que hay, de lo que se exige (nivel en el idioma de destino) y de lo que hay que hacer para solicitarlo.

Una vez vistos los destinos, la primera duda es ¿dónde? ¿Cuál será el mejor sitio? Yo lo tuve fácil ya que entre unas cosas y otras solo me quedó como opción Italia, y como siempre había querido conocerla, pues genial. Para saber cuál es la mejor opción si no hay alguna que te llame en especial deberás informarte a fondo sobre todas las ciudades que se te ofrecen. Ya sabes, internet es un factor importantísimo en esta búsqueda.

En esta entrada, yo me centraré en el Erasmus en Florencia, en el antes y en el ahora. Algún día, hablaré del después.

Por lo menos yo, cuando me plantee de verdad el venirme lo primero que hice fue teclear en google: “Erasmus Italia”. Más adelante, me adentraría en la búsqueda, concretando la ciudad, Florencia. Hoy en día todos los datos están en la red, la historia, el gobierno, la religión, la economía, la demografía, la geografía, la cultura, los deportes. Prácticamente todo. Puedes saber mucho de un país sin haber estado nunca en él. 

Pero a mí, me venían muchas dudas y algunas de ellas las resolví gracias a relatos de Erasmus que ya habían paseado por Il Duomo antes que yo. De ahí, la existencia de este blog.

La primera, fundamental si al final decides irte de Erasmus es:

¿Qué papeleo debería hacer antes de ir y una vez allí?

A parte de hacer el correspondiente al Erasmus (no me adentro mucho porque tus coordinadores te lo explicaran perfectamente), deberías hacerte la tarjeta sanitaria europea, es para tener cobertura sanitaria en todos los países europeos (como su nombre indica). Por experiencia propia, y a pesar de que no soy de ir al médico, es muy pero que muy recomendable. Solamente tienes que ir a la seguridad social y solicitarla. Es gratis y te durará uno o dos años. Por cierto, si os pasa algo que no es de mucha urgencia, no se te ocurra ir al hospital. Hay una especie de clínica cerca de Santa Croce, (vía Malcontenti, 6). Donde también hay una de las mensas (conocida como la de los ancianos), donde quizá sea en la que mejor se come. 

Otra cosa importante es el banco. ¿Cómo sacar dinero allí? Con tu tarjeta de España no, ya que te cobran un 4% de comisión. Una pasta. La mejor opción es buscar una sucursal de Caixanova en tu ciudad y hacerte su tarjeta, ya que no cobran ningún tipo de comisión. Si como en mi caso, no dispones de este banco en tu ciudad, deberás hacerte una cuenta en un banco italiano. Te recomiendo el Sanpaolo. Y otro consejillo, ten cuidado en qué cajeros sacas dinero. Siempre mejor dentro del banco. Si no sabes por qué te digo esto, lee el post de la odisea del banco y lo comprenderás. 

Una vez aquí, durante los primeros días deberás hacerte el código fiscal (vía Sta Caterina d’Alessandria, agencia delle entrante), te recomiendo que vayas bien pronto ya que los números se agotan y parece como si estuvieras en la jungla. Es como un DNI italiano y te servirá para el alquiler del piso (aunque no siempre lo piden) así como para contratar internet o hacerte la tarjeta en el banco. 

Durante los primeros días también deberías hacerte el carnet de la mensa (via Antonio Gramsci). Las mensas son comedores universitarios donde por un módico precio (3 euros) pues disfrutar de un primero, un segundo, postre y toda la bebida que quieras. Seguramente, al principio vayas bastante, pero al final, acabarás comiendo pasta y arroz en tu casa. Entre que se llenan mucho, que hay bastante cola en la fila de la comida variada, y que la gente no para de mirar tu bandeja como posesos intentando averiguar qué hay de menú, decidirás quedarte en casa más tranquilo/a. Pero nunca viene mal tenerlo, y además, es un método para conocer gente. 

También te aconsejo que en cuanto puedas te hagas con la tarjeta ESN (Erasmus Student Network), con la que podrás acceder a plazas en viajes organizados, obtener descuentos en fiestas, etc. Se trata de una asociación que tiene el fin de organizar eventos para nosotros. Los puedes encontrar en facebook. 

También voy a introducir en este apartado la manera para comunicarte con tu gente en España y con las personas que conozcas aquí. Se trata de dos soluciones: WIND y Skype. Tráete un móvil liberado y cómprate una tarjeta italiana de la compañía wind. Prácticamente todos los Erasmus somos wind ya que ofrece llamadas y mensajes gratis por dos o tres euros a la semana. Al mes, unos diez.
Para a hablar con tu familia y amigos, usa skype. Un programa donde aparte de hablar, puedes ver con quien hablas. Y es gratis. Pagarás lo mismo por internet usándolo o no.

Otra duda y también bastante importante y que surge de las primeras, es:

¿Cómo serán las clases, la facultad, la universidad? 

En España, yo ya sabía que los exámenes solían ser orales, que se puntuaban sobre 30 y que con un 18 apruebas. Creo que mi conocimiento sobre la vida universitaria se basó en eso. Me quede un poco traumatiza con eso de que los exámenes son orales (soy muy tímida), y quizá no quise investigar más por miedo a lo que podía encontrar. 

Facultad de letras
Una vez aquí, descubres que las facultades están repartidas por toda Florencia. La de letras que es la mía está muy céntrica (vía Laura) y es un edificio totalmente nuevo. Tiene 4 plantas, hay clases enormes, y clases más pequeñas, unas de ellas se llaman Laboratorio a las cuales normalmente es obligatorio asistir.


En el segundo piano está la amiga de los Erasmus, Francesca. Según le pilles el día, será borde o amable. Te dirá a todo que no, incluso a mandar el fax de llegada o te propondrá soluciones. Yo ya la he visto de todas las maneras pero ayuda mucho que sepas hablar italiano. Si no sabes, se tensa. En el despacho de Francesca es donde tienes que venir a cambiar todas las asignaturas. Sí. En España, te volverás loco en la página de la universidad (http://www.unifi.it/mdswitch.html), primero buscarás tu facultad, leerás mil guías sobre Florencia, buscarás y buscarás hasta dar con un plan de estudios de otro año. Verás asignaturas que te podrán convalidar. Tu coordinador te las firmará y te iras de España con la seguridad que aporta el saber que asignaturas vas a cursar. Pues bien, todos esos quebraderos de cabeza pensando “¿y ésta, me la convalidará por esta otra?” “¿antropologie culturale? Suena bien”, “¡anda, esta tiene diez créditos y como se parece a esta y a esta otra, con una me puedo quitar dos!”, no valen absolutamente para nada. Cuando llegues aquí te darás cuenta de que esas asignaturas este año no se ofertan, o si lo hacen es en el segundo cuatrimestre. Así que, mi consejo para esto, es no comerse la cabeza en España, que ya lo harás aquí y mucho. Y otro, es que te aprendas el email de tu coordinador, ya que durante los primeros días vas a mandarle muchos correos. Espero que como yo, tengáis alguno que responda pronto. 

Pancarta en la Universidad.
Una vez que eliges las asignaturas, estás preparada para empezar las clases. En mi caso fue sobre el 19 de Octubre, ya que otra cosa no, pero huelgas de estudiantes en Italia, hay muchas. Crearse un buen horario aquí es un poco complicado, a mi no me quedó más remedio que ir por la mañana y por la tarde. Las clases de una sola materia suelen duran de dos, a tres horas, teniéndola tres días a la semana. Creo que no hace falta que diga, que son en italiano. En algunas hay que hacer trabajos, pero en muchas otras no. ¿Cuál es la materia de estudio? En mi facultad estoy acostumbrada a ir a la copistería y pedirle los apuntes de cierta asignatura a Ana, deseando que me dé un “minitocho”, y no solo por lo que valen las fotocopias sino porque es lo que me tengo que estudiar para el examen. Aquí, los profesores te mandan libros, libritos, o libracos. Algunos de 100 páginas, otras de 300, y hasta de 600 los he visto. Tú te lo lees, y el día del examen le sueltas todo lo que te sepas y contestas a sus preguntas. Y allí mismo te pondrán la nota. Esperemos que sea siempre más de un 18. De todas formas, tienes tres “apellos” para intentarlo y quitarte créditos. Como hay tres días diferentes para examinarse, cada uno se apunta por internet al que quiere ir. Y ya sólo queda, estudiar, memorizar y que ese día te digan “In bocca al lupo” para desearte suerte.

Si por el contrario, no vienes a la facultad de letras, tendrás otra facultad a la que ir (no todo va a ser fiesta ¿no?), hay varias de las que podríamos decir que están en Mordor, o lo que es lo mismo en el futuro. Mis compis de diseño industrial y de telecomunicaciones, tienen que pillar una bus,guagua que tarda casi una hora. Las ciencias sociales se encuentran en Novoli, a dónde también tendrás que ir durante los primeros días para hacerte el libreto, que con este nombre lo que yo me esperaba era un cuaderno bien mono donde aparecieran todos mis datos, así que teníais que haber visto mi cara cuando me dieron un intento de folio, porque es hasta más pequeño. Lo tienes que llevar a los exámenes ya que es dónde te ponen la nota. Bueno, a lo que íbamos, Novoli no está en el centro de Florencia, así que si estudias algo relacionado con las ciencias sociales, tendrás que pensar en qué merece más la pena, si vivir en el centro, que es dónde se sale, y desplazarte todos los días hasta tu facultad, o vivir en Novoli, y cuando salgas de fiesta en el centro (cosa que harás, y mucho) esperar hasta las 5 o las 6 para poder volver. Al no ser, que quieras ir a piedi o en bici. 

Por aquí, corre el rumor de que si eres alumno de Educación Física, vengas sin pensártelo dos veces, en cambio, si eres uno de derecho, lo vas a tener un poco más difícil. Otra cosa importante, es que hay asignaturas que en España son muy fáciles, pero aquí no, y otras al revés. Siempre puedes ir a muchas al principio hasta elegir la que más te convenga. Y tranquilo, que puedes cambiar el acuerdo varias veces. Todo esto ya lo vivirás cuando vengas. 

Pues una vez que te has informado sobre la vida académica, piensas, para ello tendré que vivir en algún sitio. Así que la siguiente incógnita es ¿residencia o piso? ¿piso completo o una habitación? ¿individual o compartida? ¿en el centro o más alejado? ¿a cuánto estarán los alquileres? …

Sí, un montón de dudas. Pero normalmente cada uno suele saber de antemano lo que prefiere y lo que se puede permitir. En una primera rastreada descubrirás que las residencias no las recomiendan para nada. Son caras, tienen horario para volver, y al menos en una de ellas, no tiene ni comedor, ni cocina. Sólo un microondas. Por lo tanto, las descartarás. Te quedas con la opción del piso. En los foros suelen decir que esperes a estar en Firenze para alquilar el piso, que reserves en un hostal varias noches y que una vez aquí te compres la famosa pulce, dónde vienen anuncios  de pisos para alquilar, pero para mí, fueron dos euros malgastados. Es cierto que lo que hay que hacer es buscar el piso desde aquí, pero cuando mi compañera y yo llamamos a los anuncios de esta revista, sentadas en las escaleras del Duomo, descubrimos que pertenecían a inmobiliarias, por lo tanto te cobrarían el doble de lo que tenías pensado al principio. Así que la pulce se queda en el hostal mientras tú pateas las calles de Florencia buscando anuncios de pisos. En mi caso, quería un piso para mi amiga y yo, a poder ser las dos solas, y cada una con una habitación individual. Esto es un poco complicado. Lo más fácil para encontrar piso es venir solo, ya que encontraras múltiples ofertas de habitación en pisos donde ya viven otras dos o tres personas. En los casos que conozco dónde la gente venía con alguien, hemos acabado en una inmobiliaria. Es lo más rápido a la hora de encontrar un piso en el que estés agusto ya que vas a pasar nueve meses de tu vida. En mi caso, tuve que alargar el periodo en el hostal, y tuvimos suerte, ya que al menos nos quedamos en el mismo. Se de otras personas que pasaron pos varios hostales hasta tener la dicha de encontrar piso. 

Tengo que decir, que en cuanto a alquileres, están caros. Un piso en el centro, puede costar al mes cerca de 900 euros. También depende de cómo sea. Normalmente suelen ser pisos muy antiguos, con aspecto sucio, sin muebles modernos. Algunos son para echarse las manos a la cabeza. El mío es perfecto. Pero también pago por él. Normalmente la gente acaba pagando cerca de 400 euros, con o sin gastos incluidos. Para comer, una vez que hayas pasado de la mensa tendrás que fare la spesa. Los supermercados más baratos son el  Conad, el Esslunga  y el Coop. 

Estos son los interrogantes más importantes y que cuando las resuelves, decides tirarte de cabeza a esta experiencia o por el contrario, te echas para atrás. Si sigues con la idea, tendrás todavía más preguntas, relacionadas con la vida allí, la cultura, la gente…

¿Cómo será la gente en Italia? 

Tenemos una vaga imagen de cómo son. Sobre todo los italianos. Una vez que elijas Italia como tu país de destino Erasmus, si eres una chica, el comentario se repetirá vayas donde vayas, ¡ay los italianos!,  mujeres de mediana edad casadas y con hijos que te dirán ¡ya me gustaría a mí irme también!. Pues no, señoras y señores. Es como lo de que en España solo se duerme y se sale de fiesta, y solo están los toros. Por lo menos la gente que yo he conocido por aquí es normal. Exceptuando a algunos personajes de los que hay en todas partes. Eso sí, quizá debas tener cuidado con todos aquellos llamados, Blamir, Blemir, Ceril, Bibil, y todos aquellos de dos sílabas tan parecidos entre sí que no sabes ni distinguirlos. 

Eso que pasa en las películas de ir caminando tan tranquila por la calle y que te persigan cinco chicos diciendo¡ signorina bellina!  NO pasa, aunque el Ciao bella no te lo quita nadie, lo seas o no. Además, hace demasiado frío como para entretenerse en la calle con eso.


Algo que seguro que te has preguntado es ¿cómo será salir de fiesta en Florencia?
 
Yo solo te puedo decir que cada noche avala una experiencia nueva. No sé si es Italia, Florencia, o el Erasmus, pero nunca me lo había pasado tan bien de fiesta. Cierto es que no hay grandes discotecas, y que los locales que hay cierran a las cuatro, pero entre unas cosas y otras te lo acabas pasando genial. También hay dos o tres locales que cierran a las ocho, pero la verdad que yo no los recomiendo. El primer mes y medio, pasarás las noches en Santa Croce, harás esa plaza tuya, aunque poco después cambiarás de sitios. Unos días visitarás al porce, y otros incluso irás a Santa Maria Novella. Cada fin de semana una cosa diferente. Cuando cierre la discoteca desayunaras en los diversos “fornos” algún dulce recién hecho, así que no hay queja. 

¿Qué tal estarán las pizzas, la pasta y los helados? 

En todos los sitios a los que he ido y comido pasta ha estado muy pero que muy buena, pero no puedo decir lo mismo de las pizzas. Yo me quedo con las de la gigi en Lanzarote, pero seguiré intentando encontrar una rica, rica. En cuanto a los helados, durante el primer mes los comerás a todas horas. Están muy buenos, recomiendo una heladería picola que hay en vía Benci, dónde los helados están deliciosos y de momento, es donde más barato los he visto, a la vez que es dónde más cantidad te dan. Así que no se pueden ir de aquí sin probarlos. 

¿El tiempo?

Se resume en que cuando llegas a mitad, finales de septiembre, y estás por las calles buscando piso, y te de el sol, estarás en manga corta, en el otoño puedes salir a la calle con el jersey que ya te habrás comprado que pone “Università di Firenze” (en el mirador de Michelangelo son más baratos), y a partir de noviembre, no te quitaras el abrigo de encima, al que poco a poco, según pasen las semanas, le añadirás, los guantes, la bufanda, el gorro, y todos los complementos posibles. ¿Nieva? Pues sí, aunque se suele decir que solo lo hace una vez en la ciudad durante todo el invierno. Y además, a lo grande. Espero que justo en esas fechas no hayas decidido volver a España porque lo tendrás un poco difficile. No suele haber humedad y durante diciembre suele llover bastante. 

Candados del amor
¿Qué cosas se pueden ver?

Puff. Si esta entrada ya es larga de por sí, contestando a esta pregunta la podría hacer eterna. Como ya hay muchas páginas en internet que responden a esta pregunta, yo solo puedo decir que a cada paso que das por la calle ves algo que te llama la atención, y que a pesar de haber pasado muchas veces antes por ahí, nunca habías visto. Es genial. Es arte en estado puro, y hasta el más mínimo detalle esta cuidado. Si te gusta la fotografía (como a mí) disfrutarás como un enano. (Qué manera más elegante de quitarme trabajo de encima, ¿verdad?). 



¿Desde Florencia, puedes visitar otros lugares?

La respuesta es sí. Tiene una conexión de trenes con múltiples pueblos de la toscana y ciudades más importantes. Los sitios más cercanos (y por lo tanto más baratos) son, Pisa, Livorno, Arezzo, Siena, Lucca, Pistoia, Prato, Grosseto. Y no te podrás ir de aquí sin visitar otras ciudades como Milán, Bolonia, Roma, Verona, Venecia. Aunque estas están más lejos y por consiguiente, los trayectos son más caros. 

Aunque el aeropuerto de Florencia no opera con aerolíneas de bajo coste, el de Pisa, a solo una hora de camino, si lo hace. Por lo tanto, tienes la posibilidad de viajar a multitud de sitios de Europa por un precio muy asequible. 

Bueno, sí, sé que me he pasado, pero veía necesario hablar de todo esto en un blog dedicado al Erasmus.
En definitiva, no sé cuáles son los motivos de otras personas para irse de Erasmus, pero en mi caso, las ganas de vivir en otro país, de conocer a otras personas y lugares, de practicar un idioma, de divertirme, y de tener una experiencia de la que me acordaré toda la vida, quedan más que cumplidos, y eso que solo he vivido la mitad de mi Erasmus.