lunes, 14 de febrero de 2011

Un poco de ocio por Florencia.



Hoy toca hablar un poquito sobre las actividades de ocio en Florencia, la verdad que debe de haber un montón de exposiciones pero todavía no hemos a ninguna.

El año pasado un poco antes de la vuelta por Navidad, descubrimos una pista de patinaje sobre hielo. Es artificial y la ponen más o menos durante un mes desde diciembre a enero. Es picola, y vale unos cinco euros, creo recordar.

Pero la verdad que para pasar el rato con tus amigas está genial. ¡Y sobre todo si vas con alguien que nunca se ha subido en unos patines! Aunque esperábamos muchas más caidas.



 
Y dejando eso en el pasado, que fue hace ya dos meses, recuerdo ahora, un día más cercano. El pasado viernes, fuimos a la feria de chocolate de Santa Croce. Desde lejos ya ves la plaza distinta. No es la misma en la que has pasado tantas noches con la mitad de los erasmus de Florencia, ahora está llena de puestecillos, con vendedores de lo más variopintos. Está desde el que flipa al pagarle con un billete de 50 y las que no paraban de cantar diciéndonos que nos despertásemos. Lo que ellas no sabían, era que la mayoría de nosotras no había dormido prácticamente nada debido a los dichosos exámenes unas, y otras (yo) por algún trastorno del sueño todavía por descubrir. En la feria había todo tipo de chocolate, blanco, negro, de leche de toda la vida, de muchos tamaños y con diferentes formas, bolitas, bolones, cuadraditos, supercuadrados, con forma de plátano, de violín, de corazón, o de vaca lechera. Chocolate con forma de tuercas y fruta en palitos bañada en el chocolate que más te gustase. Todo muy dulce, y porque no decirlo, bastante caro. Pero mereció mucho la pena salir a despejarse, hacer algo todas juntas después de mucho tiempo, y no pensar sólo en los próximos apellos. Esta feria solo dura unos días y la verdad que no se si se repite todos los años, pero como ya lo sabéis, solo tendréis que daros un paseíto hasta Santa Croce antes de San Valentín.


viernes, 4 de febrero de 2011

Algunos datos italianos con o sin interés.


Cuando creé este blog, pensaba en toda la gente que está pensando en irse de Erasmus. Es cierto que yo siempre me había planteado esto porque me llamaba la atención. Es una oportunidad de vivir en un país extranjero, que seguramente, de otra manera, no tendría. Cuando empieza el curso universitario, comienzan las primeras jornadas sobre el Erasmus, donde se hablan de los destinos que hay para cada carrera, así como de las plazas que hay, de lo que se exige (nivel en el idioma de destino) y de lo que hay que hacer para solicitarlo.

Una vez vistos los destinos, la primera duda es ¿dónde? ¿Cuál será el mejor sitio? Yo lo tuve fácil ya que entre unas cosas y otras solo me quedó como opción Italia, y como siempre había querido conocerla, pues genial. Para saber cuál es la mejor opción si no hay alguna que te llame en especial deberás informarte a fondo sobre todas las ciudades que se te ofrecen. Ya sabes, internet es un factor importantísimo en esta búsqueda.

En esta entrada, yo me centraré en el Erasmus en Florencia, en el antes y en el ahora. Algún día, hablaré del después.

Por lo menos yo, cuando me plantee de verdad el venirme lo primero que hice fue teclear en google: “Erasmus Italia”. Más adelante, me adentraría en la búsqueda, concretando la ciudad, Florencia. Hoy en día todos los datos están en la red, la historia, el gobierno, la religión, la economía, la demografía, la geografía, la cultura, los deportes. Prácticamente todo. Puedes saber mucho de un país sin haber estado nunca en él. 

Pero a mí, me venían muchas dudas y algunas de ellas las resolví gracias a relatos de Erasmus que ya habían paseado por Il Duomo antes que yo. De ahí, la existencia de este blog.

La primera, fundamental si al final decides irte de Erasmus es:

¿Qué papeleo debería hacer antes de ir y una vez allí?

A parte de hacer el correspondiente al Erasmus (no me adentro mucho porque tus coordinadores te lo explicaran perfectamente), deberías hacerte la tarjeta sanitaria europea, es para tener cobertura sanitaria en todos los países europeos (como su nombre indica). Por experiencia propia, y a pesar de que no soy de ir al médico, es muy pero que muy recomendable. Solamente tienes que ir a la seguridad social y solicitarla. Es gratis y te durará uno o dos años. Por cierto, si os pasa algo que no es de mucha urgencia, no se te ocurra ir al hospital. Hay una especie de clínica cerca de Santa Croce, (vía Malcontenti, 6). Donde también hay una de las mensas (conocida como la de los ancianos), donde quizá sea en la que mejor se come. 

Otra cosa importante es el banco. ¿Cómo sacar dinero allí? Con tu tarjeta de España no, ya que te cobran un 4% de comisión. Una pasta. La mejor opción es buscar una sucursal de Caixanova en tu ciudad y hacerte su tarjeta, ya que no cobran ningún tipo de comisión. Si como en mi caso, no dispones de este banco en tu ciudad, deberás hacerte una cuenta en un banco italiano. Te recomiendo el Sanpaolo. Y otro consejillo, ten cuidado en qué cajeros sacas dinero. Siempre mejor dentro del banco. Si no sabes por qué te digo esto, lee el post de la odisea del banco y lo comprenderás. 

Una vez aquí, durante los primeros días deberás hacerte el código fiscal (vía Sta Caterina d’Alessandria, agencia delle entrante), te recomiendo que vayas bien pronto ya que los números se agotan y parece como si estuvieras en la jungla. Es como un DNI italiano y te servirá para el alquiler del piso (aunque no siempre lo piden) así como para contratar internet o hacerte la tarjeta en el banco. 

Durante los primeros días también deberías hacerte el carnet de la mensa (via Antonio Gramsci). Las mensas son comedores universitarios donde por un módico precio (3 euros) pues disfrutar de un primero, un segundo, postre y toda la bebida que quieras. Seguramente, al principio vayas bastante, pero al final, acabarás comiendo pasta y arroz en tu casa. Entre que se llenan mucho, que hay bastante cola en la fila de la comida variada, y que la gente no para de mirar tu bandeja como posesos intentando averiguar qué hay de menú, decidirás quedarte en casa más tranquilo/a. Pero nunca viene mal tenerlo, y además, es un método para conocer gente. 

También te aconsejo que en cuanto puedas te hagas con la tarjeta ESN (Erasmus Student Network), con la que podrás acceder a plazas en viajes organizados, obtener descuentos en fiestas, etc. Se trata de una asociación que tiene el fin de organizar eventos para nosotros. Los puedes encontrar en facebook. 

También voy a introducir en este apartado la manera para comunicarte con tu gente en España y con las personas que conozcas aquí. Se trata de dos soluciones: WIND y Skype. Tráete un móvil liberado y cómprate una tarjeta italiana de la compañía wind. Prácticamente todos los Erasmus somos wind ya que ofrece llamadas y mensajes gratis por dos o tres euros a la semana. Al mes, unos diez.
Para a hablar con tu familia y amigos, usa skype. Un programa donde aparte de hablar, puedes ver con quien hablas. Y es gratis. Pagarás lo mismo por internet usándolo o no.

Otra duda y también bastante importante y que surge de las primeras, es:

¿Cómo serán las clases, la facultad, la universidad? 

En España, yo ya sabía que los exámenes solían ser orales, que se puntuaban sobre 30 y que con un 18 apruebas. Creo que mi conocimiento sobre la vida universitaria se basó en eso. Me quede un poco traumatiza con eso de que los exámenes son orales (soy muy tímida), y quizá no quise investigar más por miedo a lo que podía encontrar. 

Facultad de letras
Una vez aquí, descubres que las facultades están repartidas por toda Florencia. La de letras que es la mía está muy céntrica (vía Laura) y es un edificio totalmente nuevo. Tiene 4 plantas, hay clases enormes, y clases más pequeñas, unas de ellas se llaman Laboratorio a las cuales normalmente es obligatorio asistir.


En el segundo piano está la amiga de los Erasmus, Francesca. Según le pilles el día, será borde o amable. Te dirá a todo que no, incluso a mandar el fax de llegada o te propondrá soluciones. Yo ya la he visto de todas las maneras pero ayuda mucho que sepas hablar italiano. Si no sabes, se tensa. En el despacho de Francesca es donde tienes que venir a cambiar todas las asignaturas. Sí. En España, te volverás loco en la página de la universidad (http://www.unifi.it/mdswitch.html), primero buscarás tu facultad, leerás mil guías sobre Florencia, buscarás y buscarás hasta dar con un plan de estudios de otro año. Verás asignaturas que te podrán convalidar. Tu coordinador te las firmará y te iras de España con la seguridad que aporta el saber que asignaturas vas a cursar. Pues bien, todos esos quebraderos de cabeza pensando “¿y ésta, me la convalidará por esta otra?” “¿antropologie culturale? Suena bien”, “¡anda, esta tiene diez créditos y como se parece a esta y a esta otra, con una me puedo quitar dos!”, no valen absolutamente para nada. Cuando llegues aquí te darás cuenta de que esas asignaturas este año no se ofertan, o si lo hacen es en el segundo cuatrimestre. Así que, mi consejo para esto, es no comerse la cabeza en España, que ya lo harás aquí y mucho. Y otro, es que te aprendas el email de tu coordinador, ya que durante los primeros días vas a mandarle muchos correos. Espero que como yo, tengáis alguno que responda pronto. 

Pancarta en la Universidad.
Una vez que eliges las asignaturas, estás preparada para empezar las clases. En mi caso fue sobre el 19 de Octubre, ya que otra cosa no, pero huelgas de estudiantes en Italia, hay muchas. Crearse un buen horario aquí es un poco complicado, a mi no me quedó más remedio que ir por la mañana y por la tarde. Las clases de una sola materia suelen duran de dos, a tres horas, teniéndola tres días a la semana. Creo que no hace falta que diga, que son en italiano. En algunas hay que hacer trabajos, pero en muchas otras no. ¿Cuál es la materia de estudio? En mi facultad estoy acostumbrada a ir a la copistería y pedirle los apuntes de cierta asignatura a Ana, deseando que me dé un “minitocho”, y no solo por lo que valen las fotocopias sino porque es lo que me tengo que estudiar para el examen. Aquí, los profesores te mandan libros, libritos, o libracos. Algunos de 100 páginas, otras de 300, y hasta de 600 los he visto. Tú te lo lees, y el día del examen le sueltas todo lo que te sepas y contestas a sus preguntas. Y allí mismo te pondrán la nota. Esperemos que sea siempre más de un 18. De todas formas, tienes tres “apellos” para intentarlo y quitarte créditos. Como hay tres días diferentes para examinarse, cada uno se apunta por internet al que quiere ir. Y ya sólo queda, estudiar, memorizar y que ese día te digan “In bocca al lupo” para desearte suerte.

Si por el contrario, no vienes a la facultad de letras, tendrás otra facultad a la que ir (no todo va a ser fiesta ¿no?), hay varias de las que podríamos decir que están en Mordor, o lo que es lo mismo en el futuro. Mis compis de diseño industrial y de telecomunicaciones, tienen que pillar una bus,guagua que tarda casi una hora. Las ciencias sociales se encuentran en Novoli, a dónde también tendrás que ir durante los primeros días para hacerte el libreto, que con este nombre lo que yo me esperaba era un cuaderno bien mono donde aparecieran todos mis datos, así que teníais que haber visto mi cara cuando me dieron un intento de folio, porque es hasta más pequeño. Lo tienes que llevar a los exámenes ya que es dónde te ponen la nota. Bueno, a lo que íbamos, Novoli no está en el centro de Florencia, así que si estudias algo relacionado con las ciencias sociales, tendrás que pensar en qué merece más la pena, si vivir en el centro, que es dónde se sale, y desplazarte todos los días hasta tu facultad, o vivir en Novoli, y cuando salgas de fiesta en el centro (cosa que harás, y mucho) esperar hasta las 5 o las 6 para poder volver. Al no ser, que quieras ir a piedi o en bici. 

Por aquí, corre el rumor de que si eres alumno de Educación Física, vengas sin pensártelo dos veces, en cambio, si eres uno de derecho, lo vas a tener un poco más difícil. Otra cosa importante, es que hay asignaturas que en España son muy fáciles, pero aquí no, y otras al revés. Siempre puedes ir a muchas al principio hasta elegir la que más te convenga. Y tranquilo, que puedes cambiar el acuerdo varias veces. Todo esto ya lo vivirás cuando vengas. 

Pues una vez que te has informado sobre la vida académica, piensas, para ello tendré que vivir en algún sitio. Así que la siguiente incógnita es ¿residencia o piso? ¿piso completo o una habitación? ¿individual o compartida? ¿en el centro o más alejado? ¿a cuánto estarán los alquileres? …

Sí, un montón de dudas. Pero normalmente cada uno suele saber de antemano lo que prefiere y lo que se puede permitir. En una primera rastreada descubrirás que las residencias no las recomiendan para nada. Son caras, tienen horario para volver, y al menos en una de ellas, no tiene ni comedor, ni cocina. Sólo un microondas. Por lo tanto, las descartarás. Te quedas con la opción del piso. En los foros suelen decir que esperes a estar en Firenze para alquilar el piso, que reserves en un hostal varias noches y que una vez aquí te compres la famosa pulce, dónde vienen anuncios  de pisos para alquilar, pero para mí, fueron dos euros malgastados. Es cierto que lo que hay que hacer es buscar el piso desde aquí, pero cuando mi compañera y yo llamamos a los anuncios de esta revista, sentadas en las escaleras del Duomo, descubrimos que pertenecían a inmobiliarias, por lo tanto te cobrarían el doble de lo que tenías pensado al principio. Así que la pulce se queda en el hostal mientras tú pateas las calles de Florencia buscando anuncios de pisos. En mi caso, quería un piso para mi amiga y yo, a poder ser las dos solas, y cada una con una habitación individual. Esto es un poco complicado. Lo más fácil para encontrar piso es venir solo, ya que encontraras múltiples ofertas de habitación en pisos donde ya viven otras dos o tres personas. En los casos que conozco dónde la gente venía con alguien, hemos acabado en una inmobiliaria. Es lo más rápido a la hora de encontrar un piso en el que estés agusto ya que vas a pasar nueve meses de tu vida. En mi caso, tuve que alargar el periodo en el hostal, y tuvimos suerte, ya que al menos nos quedamos en el mismo. Se de otras personas que pasaron pos varios hostales hasta tener la dicha de encontrar piso. 

Tengo que decir, que en cuanto a alquileres, están caros. Un piso en el centro, puede costar al mes cerca de 900 euros. También depende de cómo sea. Normalmente suelen ser pisos muy antiguos, con aspecto sucio, sin muebles modernos. Algunos son para echarse las manos a la cabeza. El mío es perfecto. Pero también pago por él. Normalmente la gente acaba pagando cerca de 400 euros, con o sin gastos incluidos. Para comer, una vez que hayas pasado de la mensa tendrás que fare la spesa. Los supermercados más baratos son el  Conad, el Esslunga  y el Coop. 

Estos son los interrogantes más importantes y que cuando las resuelves, decides tirarte de cabeza a esta experiencia o por el contrario, te echas para atrás. Si sigues con la idea, tendrás todavía más preguntas, relacionadas con la vida allí, la cultura, la gente…

¿Cómo será la gente en Italia? 

Tenemos una vaga imagen de cómo son. Sobre todo los italianos. Una vez que elijas Italia como tu país de destino Erasmus, si eres una chica, el comentario se repetirá vayas donde vayas, ¡ay los italianos!,  mujeres de mediana edad casadas y con hijos que te dirán ¡ya me gustaría a mí irme también!. Pues no, señoras y señores. Es como lo de que en España solo se duerme y se sale de fiesta, y solo están los toros. Por lo menos la gente que yo he conocido por aquí es normal. Exceptuando a algunos personajes de los que hay en todas partes. Eso sí, quizá debas tener cuidado con todos aquellos llamados, Blamir, Blemir, Ceril, Bibil, y todos aquellos de dos sílabas tan parecidos entre sí que no sabes ni distinguirlos. 

Eso que pasa en las películas de ir caminando tan tranquila por la calle y que te persigan cinco chicos diciendo¡ signorina bellina!  NO pasa, aunque el Ciao bella no te lo quita nadie, lo seas o no. Además, hace demasiado frío como para entretenerse en la calle con eso.


Algo que seguro que te has preguntado es ¿cómo será salir de fiesta en Florencia?
 
Yo solo te puedo decir que cada noche avala una experiencia nueva. No sé si es Italia, Florencia, o el Erasmus, pero nunca me lo había pasado tan bien de fiesta. Cierto es que no hay grandes discotecas, y que los locales que hay cierran a las cuatro, pero entre unas cosas y otras te lo acabas pasando genial. También hay dos o tres locales que cierran a las ocho, pero la verdad que yo no los recomiendo. El primer mes y medio, pasarás las noches en Santa Croce, harás esa plaza tuya, aunque poco después cambiarás de sitios. Unos días visitarás al porce, y otros incluso irás a Santa Maria Novella. Cada fin de semana una cosa diferente. Cuando cierre la discoteca desayunaras en los diversos “fornos” algún dulce recién hecho, así que no hay queja. 

¿Qué tal estarán las pizzas, la pasta y los helados? 

En todos los sitios a los que he ido y comido pasta ha estado muy pero que muy buena, pero no puedo decir lo mismo de las pizzas. Yo me quedo con las de la gigi en Lanzarote, pero seguiré intentando encontrar una rica, rica. En cuanto a los helados, durante el primer mes los comerás a todas horas. Están muy buenos, recomiendo una heladería picola que hay en vía Benci, dónde los helados están deliciosos y de momento, es donde más barato los he visto, a la vez que es dónde más cantidad te dan. Así que no se pueden ir de aquí sin probarlos. 

¿El tiempo?

Se resume en que cuando llegas a mitad, finales de septiembre, y estás por las calles buscando piso, y te de el sol, estarás en manga corta, en el otoño puedes salir a la calle con el jersey que ya te habrás comprado que pone “Università di Firenze” (en el mirador de Michelangelo son más baratos), y a partir de noviembre, no te quitaras el abrigo de encima, al que poco a poco, según pasen las semanas, le añadirás, los guantes, la bufanda, el gorro, y todos los complementos posibles. ¿Nieva? Pues sí, aunque se suele decir que solo lo hace una vez en la ciudad durante todo el invierno. Y además, a lo grande. Espero que justo en esas fechas no hayas decidido volver a España porque lo tendrás un poco difficile. No suele haber humedad y durante diciembre suele llover bastante. 

Candados del amor
¿Qué cosas se pueden ver?

Puff. Si esta entrada ya es larga de por sí, contestando a esta pregunta la podría hacer eterna. Como ya hay muchas páginas en internet que responden a esta pregunta, yo solo puedo decir que a cada paso que das por la calle ves algo que te llama la atención, y que a pesar de haber pasado muchas veces antes por ahí, nunca habías visto. Es genial. Es arte en estado puro, y hasta el más mínimo detalle esta cuidado. Si te gusta la fotografía (como a mí) disfrutarás como un enano. (Qué manera más elegante de quitarme trabajo de encima, ¿verdad?). 



¿Desde Florencia, puedes visitar otros lugares?

La respuesta es sí. Tiene una conexión de trenes con múltiples pueblos de la toscana y ciudades más importantes. Los sitios más cercanos (y por lo tanto más baratos) son, Pisa, Livorno, Arezzo, Siena, Lucca, Pistoia, Prato, Grosseto. Y no te podrás ir de aquí sin visitar otras ciudades como Milán, Bolonia, Roma, Verona, Venecia. Aunque estas están más lejos y por consiguiente, los trayectos son más caros. 

Aunque el aeropuerto de Florencia no opera con aerolíneas de bajo coste, el de Pisa, a solo una hora de camino, si lo hace. Por lo tanto, tienes la posibilidad de viajar a multitud de sitios de Europa por un precio muy asequible. 

Bueno, sí, sé que me he pasado, pero veía necesario hablar de todo esto en un blog dedicado al Erasmus.
En definitiva, no sé cuáles son los motivos de otras personas para irse de Erasmus, pero en mi caso, las ganas de vivir en otro país, de conocer a otras personas y lugares, de practicar un idioma, de divertirme, y de tener una experiencia de la que me acordaré toda la vida, quedan más que cumplidos, y eso que solo he vivido la mitad de mi Erasmus.



jueves, 3 de febrero de 2011

Porque la sanzanobi da para mucho...

Trabajador

A falta de unos días de los exámenes, y en plena semana de lecturas y repasos, te entretienes con cualquier cosa, y como ya no hay mosquitos (normal con el frío que hace, y miedo me da cuando venga el calorcito), y moscas no entran porque tampoco es que abra la ventana demasiado, pues unos días te entretienes flipando en colores al ver a un trabajadosr subido en la ventana de enfrente cual pajarillo y sin miedo a pegarsela, y otro, ves por primera vez, como los bomberos apagan un pequeño conato de incendio a veinte metros de tu casa. 

 Al volver de la facultad, (íbamos para resolver papeleo, si aún estamos así) vimos como dos camiones se dirijían a nuestra calle. A ver qué ha pasado y dónde. 

Eso de haber dejado el calentador encendido por miedo a no que no pueda volver a encenderse ya no me parecía tan buena idea. Eso sí, ese pensamiento solo permaneció hasta que vi que no era en nuestro piso, a pesar de que tan sól estaba a unos veinte metros. En definitiva, no se si toda Florencia será así, pero en esta calle cada día pasa una cosa nueva, y no hace falta morirse de frío en la calle para verlas, que de momento es una gran ventaja.

Vigili del Fuoci

Por lo demás, leyendo bastante en italiano. Aqui te suelen mandar dos o tres libros de cada asignatura y en el examen (oral) le sueltas todo lo que te sabes y contestas a sus preguntas. Ya ire diciendo si saco más de un 18 o me quedo en el intento. ¡Espero que haya suerte!

Esta mañana hemos ido a hablar sobre Il Tironicio (las prácticas de la carrera) pero como suele pasar, la persona que debe estar todos los jueves en su despacho de la tercera planta, no estaba. Así que de vuelta a casa un poco enfafada y a esperar (como todo el erasmus) al próximo jueves. Si consigo quitarme las practicas y la mayoria de las asignaturas, a final de año, sere diplomada. La sonrisa en la cara al escribir esto es inevitable. En fin, espero que sí.

miércoles, 26 de enero de 2011

Viaje a Livorno y visita inesperada a Pisa.

Playa de Livorno
Porque estando de Erasmus no puedes esperar nada con certeza, aunque si esperar mucho tiempo. Un día te levantas, (y no a la hora que tenías pensado precisamente) con la intención de ir a Livorno, ver la playa, comer, quizá ver la puesta de sol, y volver a casa no muy tarde por aquello de que anochece a las 5 de la tarde. Pero al final, todo sale al revés, no te suena ninguna de las cuatro alarmas que pusistes, sales en otro tren, la ciudad que visitas no es nada del otro mundo, y el frío que hace es increíble. Caminas y caminas, y casi podríamos decir que lo que más ilusión nos hizo fue ver un Stradivarius. Pero al final, después de andar durante un buen rato, llegas al mar, y te olvidas del frío, de la caminata, de que como suba la marea nos quedamos sin arena, del stradivarius y hasta de que tienes el mp4 encendido en la maleta. Al final, piensas que todo el plan que habías hecho no merece la pena y lo saboteas tu misma. ¿Por qué no nos bajamos en Pisa? Y así fue. Después de un buen tiempo pensando en sí se podría hacer eso o no, nos decidimos a llevarlo a cabo. ¡Menudo chollo! Dos por el precio de uno y varios simpas en guaguas con guagueros muy simpáticos. 
La Torre


De este viaje me quedo con el comer en la playa con ustedes, con los "¿te lo conté?" de Yaiza y mis "si, hace media hora...", con Nora hablando un perfecto italiano, con las carreras para subirnos a la guagua mientras se oía de fondo"que sí, que sí, que estoy segura, que es esta, subánse, subánse", y de nuestras caras a los pocos segundos al escuchar "esta va para el aeropuerto", nora y yo mirando agresivamente a Yaiza mientras ésta toda roja no paraba de reirse. Pero sobre todo me quedo con la primera imagen al pasar por debajo de la muralla y ver La Torre, con los otros edificidios, tanto blanco sobre verde.  Increíble.

Pisa
Otro viajecito más, y dos ciudades tachadas en el mapa. Aunque se que a una, volveré. ¿Cuál será?

A ponerse al día


Hace media vida que no publico nada y ya va siendo hora. Es lo que tienen las fiestas pasadas, que comes y comes pero no haces otra cosa. Un breve resumen de las vacaciones de Navidad, es que tuve muy buena suerte por un lado y mala por otra ya que no pude disfrutar de un espectáculo único. Esta vez no me toco a mí una de esas historietas para no dormir en la que cobran el mismo protagonismo una buena cantidad de nieve, un país colapsado, una red telefónica caída, y unos cuantos Erasmus queriendo volver a casa por Navidad, aunque por desgracia se quedara en el intento, o mejor lo digo en plural, porque muchos lo intentaron de distintas formas sin éxito alguno. Cada uno con su propia odisea personal haciendo noche en hostales, aeropuertos, cogiendo trenes y aviones que no habían ni pensado. Mientras tanto, yo ya estaba en Las Palmas a 24 grados, y comprándome unas deportivas porque con las botas no se podía ni salir a la calle. ¡Qué calor y qué contraste! En fin, que mis Navidades empezaron y acabaron muy bien.
Pero como todo en esta vida, todo tiene un principio y un final. Poco a poco pasaron los días y llegó el día de la vuelta. La verdad que con ganas porque en Lanzarote poca cosa quedaba que dieran ganas de quedarse. Lo único que echaba para atrás era la diferencia de temperaturas que iba a haber, por lo que ya me estaba mentalizando, hasta me compré una chaqueta en los últimos días. ¡Gracias mamá!
Llegó el momento de subirse al avión, menos mal que iba acompañada por Marcelo y sus amigos, cosa que hizo más ameno el viaje, porque la verdad que cinco horas en un avión de ryanair son un verdadero suplicio. Nada más subirte, y apurando al máximo la información sobre las medidas de seguridad, empieza la avalancha sobre los productos de a bordo. Que si comida y bebida, perfumes, lotería, y cigarros sin humo. Cutre. Cutre. No me extraña que les quepan tantos productos en el avión, si no te dejan subir ni con un mini bolso. Pero bueno, a veces te echas unas risas con las caras de las azafatas al ir ofreciendo lotería, o como ésta última vez, con el moño perfecto de una de ellas, y con la imitación de éste, pero muy mala, de otra de sus compañeras. “¿Cómo se lo hace?” “Se levanta a las cinco de la mañana sólo para peinarse.” Dudas existenciales que comentas con el señor Marcelo. Ya ves tú lo que dan de sí cinco horas.
Por fin aterrizas, y pisas suelo italiano, concretamente Bolonia. Todavía no has llegado a tu destino. Te acompañan a la estación hasta subirte a tu tren, la despedida, el desearse suerte para los exámenes, y cada uno a su ciudad.
Media hora más tarde, un abrir y cerrar de ojos, o unas pocas canciones en el reproductor de papá Noel, y ya estás en Santa María Novella. ¡Cuánto tiempo! ¡Qué poco frío! ¡Por lo demás no ha cambiado nada! Eso vas pensando mientras vas esquivando a todo el mundo que se te pone por delante a pesar de verte con dos maletones. Eso como siempre,  la poca consideración que no falte. Media hora después apareces en el portón de tu piso. Sueltas las maletas. Vas corriendo a poner la calefacción y te haces a la idea de lo mucho que te queda aquí.

Al día siguiente recuentro con las demás, horas esperando con Yai en la estación poniéndonos al día, y después otras tantas con Sandra haciendo lo mismo. Los días siguientes sirvieron para coger el ritmo, haciendo cosas de la facultad, haciendo la compra, limpiando la casa. Esas cosas que no se quieren hacer, pero que hay que hacer.

En definitiva, una entrada sobre la ida a casa, la estancia allí, y la vuelta a Florencia. A ver qué deparan estos meses que nos quedan.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sobre las cenas en casa y las ganas de volver...

Haciéndome perrerias
Ya vamos por la segunda cenita en casa y las dos genial. Esta última sin los estreses de la primera, donde tuve que hacer mis primeras tortillas en una hora. Llegar a casa de la compra y pelar papas como locas. Freír, batir huevos, mezclar, enfrentarse a darle la vuelta. Pero al final, se dejaron comer. La tortilla de esta vez, más buena, y sin cocinar yo, (otra vez, ¡gracias Bruno!) ¡Qué cena más rica! Repitiendo platos pero con diferente compañía. ¡Y esta vez con tarta y bizcocho casero! Celebrando por todo lo alto el cumple de una de las canarias. Así da gusto. ¡A ver cuando repetimos!

Por lo demás, estamos a 22 de Noviembre. Mañana hacemos dos meses en Florencia y decir que se han pasado volando me parece poco. Dentro de otros 22 días ya estoy en Canarias, haciendo turismo por Las Palmas con los niños (¡vayan pensando sitios!) y conociendo por fin la famosa Heineken. Y después, como todos los años ¡a volver a casa por Navidad! Esta vez es diferente. No hay tantas ganas como otras veces. Sé que una vez allí echaré de menos todo esto pero también sé que estaré encantada ya que ya hay ganas de una Masalla de la Gigi (que aunque esté en Italia, aún no he probado una pizza igual), de ir a comer a la Repikada, de ir a la explanada a no hacer nada y estresarnos porque “en esta isla nunca hay nada que hacer”, de comprar pipas facundo a las tantas de la noche en la pcam y saludar a mi amigo, de comer algo cocinado por mis padres, de conducir, de esperar a Guetón a que termine de cenar mientras piensas “¿cómo va a tardar tanto?”, de quedar con Dani con días de antelación por su agenda ocupada, de escuchar a Cristo montarse mil películas a cerca del fin del mundo mientras tú te acojonas, de ir a jugar al guitar hero en fácil mientras Iván, en experto, toca sin mirar la pantalla, de dar paseos en el forfi de Fany con la música a tope, de esperar a las cuatro de la mañana para comer donuts, de hacer locuras, de pasar un rato en Famara, de que pasen los días y no llueva, de volver por la noche a casa en el daewoo y tener Arrecife sólo para ti, de crear otra carpeta en el ordenador para las fotos de las Navidades, de escuchar a mi madre decir que este año no hay regalos que ya soy muy mayor y que luego siempre caiga algo, de decorar el árbol, de ver las cuatro luces que ponen en la isla, de estar en Lanzarote… Pues parecía que no, pero tengo más ganas de lo que pienso. ¡Y ya no queda nada!

martes, 16 de noviembre de 2010

Otra crucecita en el mapa: ¡ROMA!


¡Qué pasada! Esta frase define tanto la ciudad como el fin de semana que hemos pasado. ¿Por dónde empezar? Quizá por el madrugón que nos pegamos para coger el primer tren en el que nos íbamos a pegar las siguientes cuatro horas, supuestamente durmiendo, pero al final, ni lo hicimos ni dejamos que lo hicieran. Juegos de magia, con el futuro de Sandra en nuestras manos, otros donde el 3 tira otra vez, y otros en los que simplemente quedas como culo, o como presidente (en la vida real muchas veces esto va unido). En definitiva, risas y más risas. Pero al final del trayecto, Roma. Poco después aprendimos que todos los caminos llevan a Termini. “¿Cómo vamos al hotel?” “A piedi, è vecinisimo”. È vero, pero el pateazo que te pegas dentro de la propia estación es digno de mención. En la primera parada, un papel y una pulsera con las siglas ESN (Erasmus Student Network) en la muñeca y listos para empezar el viaje. 

El hotel no parece estar mal, pero como ya es habitual en Italia, llegas y tienes que esperar para poder pasar a la habitación, mientras tanto, haces tiempo visitando ya los primeros lugares. Santa Maria degli Angeli (como mi madre, hasta lo de santa también)  y Santa Maria Maggiore son las primeras que ves. Impresionantes. Después carrerita al hostal para poder elegir habitaciones. Y aquí siempre la gran Estefania, que sin ni siquiera darse cuenta, nos eligió las mejores camere a todo el grupo. Primera planta ocupada, y plagada por canarios, ¡y que alguien diga algo! 

Ese mismo día de camino a la conferencia a la que teníamos que ir por obligación (sí, esa en la que al final no estuvimos) vimos la plaza Venecia. Uno de los lugares más bonitos que he visto nunca, al igual que el Coliseo, iluminado y rodeado por césped. Un par de fotos subida en la papelera (¡gracias Bruno!) y de vuelta a la 103. A ducharse, a vestirse, y a salir con los cachetes hipercolorados para ir a la baby-party. Ni el cubo de agua que nos lanzaron desde el hotel nos quitó las ganas de fiesta. 
Encima de la papelera
A la mañana siguiente…

Madrugón. Uff. Esto de dormir 3 horas no va conmigo. Hacer turismo sin dormir y habiendo salido el día anterior no es gran idea, pero es lo que hay. Primero el coliseo, versión de día, dopo te sientes en casa en la plaza de España para después encontrarte en el Panteón mirando un agujero en el techo y preguntándote si será verdad que cuando llueve no entra agua por ahí, más tarde tiras la monedita en la Fontana di Trevi esperando que se cumpla tu deseo, y por último, después de una larga parada en la plaza Spagna donde te sientas, miras al frente, localizas la calle de las tiendas caras, intentas encontrar un hueco entre tanta gente, y no ves ninguno… (¿aquí no hay crisis?) te levantas y vas a la plaza del Popolo, para verla durante cinco minutos y salir pitando al hostal a repetir la maniobra de ayer. Ducharse, vestirse todas igual con la camisa de I love ROMA, e ir a la fiesta. En el tranvía cantos y más cantos.

El último día…

Tienes un gran dolor de pies, pero caminas por toda Roma para intentar ver la mayor cantidad de cosas posibles y llegar a tiempo a coger el tren. La primera y más importante parada: el Vaticano. Cola de media hora con un sol abrasador en la nuca, pero merece la pena. Sobre todo teniendo en cuenta, que en Roma, todo es gratis. Y por fin, después de todo el día por ahí, quejándote a cada paso que das del dolor de tu cuerpo, intentas recoger tu maletita del hostal, no sin antes discutir con el del hostal por algo que todavía no entiendo, porque nosotras seremos sordas, pero él, subnormal esférico, es decir, lo mires por donde lo mires.

Y como dije al principio, todos los caminos llevan a Termini. De repente te das cuenta de que estás en el tren, vuelta a Florencia, y que echaras de menos Roma. Pero… ¡volveré! 

En el tren al principio intentas dormir probando todas las posturas y cuando lo consigues, te despierta el revisor a mitad de viaje para enseñarle el billete, ¿no podía pasar antes o qué? Después no intentas dormirte otra vez y te vas con los chicos, para jugar a las cartas, a las películas y a los personajes famosos, y donde acabas estallada con las películas de un solo gesto y la manera de describir a Bruce Willis. 

En definitiva, ¡gran viaje, gran ciudad y grandes Erasmus!

Vaticano